
Podría hablar mucho de esta comunidad en lo que se refiere a su gente: cómo viven, a lo que se dedican… sin embargo me remitiré por ahora a platicarles mis vivencias durante la pasada Semana Santa.
Es la tercera ocasión que asisto a esta comunidad a misiones, aunque este año fue diferente a los anteriores, pues ya no trabajé en la pascua infantil.
Al ser un pueblo grande y con muchos habitantes, es necesario también que haya participación de muchos misioneros. Esta vez estuvimos ahí 13 personas apoyando: 4 misioneras de Monterrey, 4 de San Luis Potosí, 2 de Guadalajara y 3 ministros de la Eucaristía de Puebla; animados por el P. Antonio García sdb, párroco de San Antonio Las Palmas.

El trabajo se dividió de la siguiente manera:
- Pascua Infantil- Monterrey (asisten alrededor de 200 niños, catequesis en la mañana y en la tarde).
- Pascua Juvenil- San Luis Potosí (asisten casi 200 jóvenes, en su mayoría entre los 13 y 16 años).
- Catequesis de adultos y Santo Rosario- Guadalajara (asisten aproximadamente 25 personas, aunque no van las mismas todos los días).
- Visiteo- Guadalajara (se visitaron alrededor de 30 casas de la zona que el Padre Toño nos indicó previamente).
- Ministros de la Eucaristía- estuvieron llevando la Comunión a los enfermos de varias comunidades.
Más que las cuestiones de organización me gustaría platicarles por qué disfruté tanto esta semana y todo lo que aprendí.
Como cada año, me impresionó mucho la participación de la gente en las celebraciones. Me llevo de la comunidad su espíritu generoso, su fervor y su gran sentido de unidad. Pude compartir con ellos mi experiencia de vida con Dios y al mismo tiempo sentir la presencia de Dios entre ellos.
Aunque en las catequesis no hubo mucha asistencia, sí existió mucha participación de la gente, que no tuvo miedo de contar sus experiencias y así enriquecer el mensaje que se pretendía transmitir.
Lo mismo con el visiteo, tal vez en números nos quedamos muy cortos y nos hubiera gustado visitar más casas, pero tratamos de seleccionar aquellas donde vive gente que poco se acerca a la Iglesia o que ni siquiera lo hace.
Visitamos personas que se mostraban indiferentes en la fe e incluso algunas familias de los que se llaman a sí mismos “hermanos separados”.
Si bien hubo cuestionamientos y reclamos hacia nosotros, también se mostraron abiertos a escuchar nuestro mensaje, alegres de recibirnos en sus casas y dispuestos a ofrecernos algo para tomar. Me llena de satisfacción haber notado que algunos de los que visitamos se quedaron en verdadera actitud de reflexión. No cabe duda de que el Espíritu Santo pone las palabras correctas en nuestra boca y nos ilumina para que digamos aquello que estas personas necesitan escuchar.
Cada experiencia de misión es distinta y de cada una se aprenden grandes cosas. Regresar para mí no significa sólo la tristeza de dejar a aquellas personas con las que uno tanto se encariña; es más bien una gran motivación para seguir trabajando en mi comunidad, una invitación a vivir las actitudes que descubrí en ellos y que sé que a mí me hacen falta.
Recordemos que el llamado de Dios a ser misioneros es para todos y dura toda la vida; no se es misionero sólo en Semana Santa o en las juntas de mi grupo, se debe ser misionero cada día y en cada lugar donde se esté.
Por último quisiera invitarlos a hacer oración por nuestros hermanos chinantecos de la parroquia de San Antonio Las Palmas, especialmente por los catequistas y animadores; y también por los salesianos que están en esa obra, pues son todos ellos quienes deberán continuar con la labor de llevar la Palabra de Dios a la gente de aquellas comunidades.

Vocal de grumis


